Mala praxis – Responsabilidad civil del cirujáno plástico

La mala praxis realizada por los cirujanos plásticos en donde el resultado es distinto al perseguido, a causa de la culpa del médico tras realizar la cirugía, origina responsabilidad civil y debe reparar los daños y perjuicios ocasionados.

Las obligaciones de los profesionales de la salud, como la de los cirujanos plásticos, son de medio o resultado por lo tanto su actividad busca preservar la salud del paciente en un sentido amplio, más allá de los casos en que existe el riesgo común a toda intervención quirúrgica.

En principio la cirugía reparadora busca la corrección de los defectos adquiridos o los congénitos. Por lo tanto, posee por finalidad el embellecimiento del paciente, o su mejora física. Es requisito fundamental que el individuo que se someta a la cirugía preste su consentimiento expreso el cual debe estar documentado.

Cuando existe un incumplimiento y este es atribuible a la negligencia profesional la responsabilidad estará ligada a la culpabilidad por parte del profesional de la salud.

En las obligaciones de resultado la prueba del incumplimiento genera un presunción de culpa por parte del médico, la cual solamente podrá ser desvirtuada con la prueba del caso fortuito. La única defensa posible que puede alegar el profesional es haber obrado diligentemente.

Como particularidad de esta especialidad (cirugía estética), se ha señalado que en estos casos la intervención del especialista nunca es urgente, al punto de que quien no se somete a este tipo de cirugía por lo general no arriesga su vida ni su integridad física.

En las cuestiones donde interviene un profesional de la materia, la doctrina ha establecido la carga de la prueba dinámica, la cual establece que quien está en mejor posición de probar debe acreditar que no hubo impericia en su accionar. Para saber más, te recomendamos leer: Carga dinámica en la mala praxis médica.

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Carga dinámica en mala praxis médica

La  aplicación  de la “carga dinámica de la prueba” en materia de responsabilidad civil del médico, sostiene que: “…En toda causa que este cuestionada la responsabilidad médica –léase obligación de medios-, debe probar quién se encuentra en mejores condiciones para ello; es decir el médico...”.

En dicha relación, pacíficamente, definida como contractual, la parte débil, la desprotegida, la generalmente carente de medios probatorios,  es la acreedora; el paciente.  Por el contrario, quién está en mejor posición probatoria, la parte fuerte de la relación contractual, es la deudora,  el médico; quién tiene, sin lugar a dudas, a su alcance todos los elementos y conocimientos necesarios para demostrar que actúo dentro de los lineamientos que la “lex artis” impone.
Esto implica un cambio en la conducta procesal de las partes, las cuales deben ir encaminadas a los principios de buena fe, y lealtad procesal, teniendo como fin último, el arribo a la realidad fáctica. Para que en última instancia la sentencia sea la solución “justa” al caso.
Si bien, tradicionalmente se entendía que la carga de la prueba pesaba sobre la parte que afirmaba la existencia de algún hecho controvertido; el otro litigante dejaba satisfecha su posición la sola negativa expresa., por lo cual regía el principio “actor incumbit probatio“.

Se advierte que en los casos de mala praxis se presentan situaciones donde la parte que niega la pretensión jurídica invocada en su contra, tiene a su alcance la prueba,  y la oculta, generalmente, de  mala fe, ante la certidumbre que  pesará en su contra a la hora de resolver.  Esta es la situación que, con frecuencia, se da en los casos de “mala praxis”, donde el profesional médico es reticente en colaborar con el material probatorio. De allí la denominada “prueba diabólica”, o el “secreto de quirófano”.
Esta teoría, “carga dinámica de la prueba”,  se funda en el deber de colaboración, y solidaridad que deben tener las partes para el órgano jurisdiccional, y poner el peso de ella , sobre las espaldas de quién mejor puede hacerlo; en la especie: el profesional médico.  . (La Ley, To.1991-B-Secc. Doctrina, pág. 1035).